El parto

Vestida con un camisón de oysho, me puse mis chanclas y empecé a caminar hacia la puerta de acceso restringido con el iphone y el ipad en mano. Estaba ansiosa por ver donde iba a dar a luz. Cuando pasé, me encontré una sala con mucha luz natural, muy agradable, parecida a las demás habitaciones, con su baño incluido. Había una cama que parecía normal, un foco grande de luz y un aparato cerca de la cama para hacer todos los chequeos del bebé…

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Me sorprendió estar sola en la habitación, me había imaginado rodeada de médicos y otras parturientas pegando gritos…pero no, me encontré con un silencio acogedor. De repente apareció una enfermera que me conectó un montón de aparatos e insistió en que me pusiera un camisón de hospital de esos que te dejan el culete al aire, a lo que por supuesto me negué en rotundo. Iba a pasar un montón de horas en esa sala y quería encontrarme cómoda con mi ropa. Justo entonces apareció mi matrona…ella no puso impedimento en dejarme agustito con mi camisón de oysho, mientras me enganchaba las bolsitas y los cables que tenía conectados, a una barra con ruedas para que pudiera moverme.

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Yulí, así se llamaba mi matrona, me explicó paso a paso como sería el día y se marchó. Sentada en un sofá junto a la cama y con la oxitocina conectada en vena solo me quedaba esperar. Tantas veces me había imaginado el momento del parto y ahí estaba…a pocas horas de conocer a mi bebé, muy relajada, con un libro sobre la lactancia titulado “Un regalo para toda la vida” que me había regalado mi amiga Mariela, el cual llevaba semanas diciendo que iba a leer antes de dar a luz. Pero yo como siempre en mi línea…dejando para mañana lo que puedo hacer hoy. Así que como era de esperar…me pilló el toro, en este caso el parto! Porque a pocas horas de que naciera mi bebé y empezar a dar el pecho iba por la página 6!!

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Parecía que había dejado mis miedos fuera de esa habitación, me concreté en disfrutar cada segundo de ese momento único, conecté el iPad para hacer sonar a Sigur Ros y que su música nos acompañara en la dilatación, un grupo islandés que consigue tele-transportarte a un hermoso lugar, perfecto para ese momento…

Mientras me evadía con la música, el papá de Tristán escribía en un grupo de whatsapp para narrar el parto en directo a familiares y amigos. Yuli venía de vez en cuando para chequearme, en una de esas idas y venidas me acostó en la cama para acelerar la dilatación y nos volvió a dejar solos. No sentía dolor y apenas notaba las contracciones, pero cuando llegué a los 3 cm y Yuli me preguntó si quería la epidural le dije que sí, porque qué necesidad tenía de esperar a pasarlo mal para pedirla!? Siempre hay que tener en cuenta que desde que se pide hasta que llegan los anestesistas pasa MINIMO media hora…así que mujeres del mundo…nada de hacerse la fuerte, no hay necesidad de sufrir!!

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Las anestesistas llegaron justo cuando el dolor empezaba a ser más molesto, el pinchazo en la espalda asusta por el papeleo que tienes que firmar y por el ardor que sientes cuando te están inyectando el líquido, pero sólo de pensar en el dolor que me estaba ahorrando ese pinchacito, para mi fue como beber un vaso de agua bien fría en una calurosa tarde de verano. Después de la epidural ya no volví a sentir más molestias. Me estaba pegando un viaje de relajación absoluta, y cuando nos quisimos dar cuenta Yuli nos dijo que ya estaba casi de 10 cm, preparada para empezar a empujar. Nos explicó cómo hacerlo cuando viniera una contracción y se volvió a marchar. El papá de Tristán y yo estábamos disfrutando de una intimidad absoluta, incluso a pocos minutos de ver la cara de nuestro bebé. Cuando Yuli regresó nos dijo que los dos habíamos hecho un buen trabajo en equipo y que Tristán estaba listo para salir, así que pusimos a Ben Howard y Coldplay en el ipad para recibir a nuestro pequeño.

Yuli desmontó la parte de los pies de la cama y sentaba frente a mi, me pidió que empujara cuando llegara la próxima contracción. Empecé a hacerlo como si no hubiera un mañana, agarrada a dos barras que había a cada lado de la cama, escuchando las voces de ánimo de Yuli y del papá, una y otra vez…de repente entre sus voces, el llanto de mi pequeño…Con lagrimones en los ojos, me sentí como una leona protegiendo a su cría, extendíendo los brazos para abrazarle cuando me lo pusieron en la tripa. El momento de amor más puro que jamás he vivido, el milagro de la vida.

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Tristán pesó 2,850 gramos, a pesar de ser prematuro llegó lo suficientemente gordito para quedarse conmigo y que no se lo tuvieran que llevar a incubadora. Después de los primeros chequeos y mientras tenía a mi niño en mis brazos haciendo “piel con piel” pasaron 2 horas hasta que llegó el camillero. Eso significaba que ya estaba lista para salir. De la emoción intenté levantarme de la cama para pasar a la camilla como si nada…pero tuvieron que recordarme que tenía las piernas adormiladas y que no me podía mover! Estaba deseosa por salir para ver a mi madre, a mi hermana y a mis amigas, que esperaban desde hacía rato en la puerta de acceso restringido. Me moría de ganas de enseñarles la cosa más bonita del mundo!!

Mi parto fue muy dulce, imagino que la suerte juega un papel importante en un caso como este, pero también estoy convencida de que la energía que proyecté cada minuto en esa sala y la tranquilidad que se respiraba a nuestro alrededor tuvieron mucho que ver.

“EVERYTHING WE DO IS INFUSED WITH THE ENERGY WITH WHICH WE DO IT. IF WE´RE FRANTIC, LIFE WILL BE FRANTIC. IF WE´RE PEACEFUL, LIFE WILL BE PEACEFUL.”
-Marianne Williamson

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